Amelia Arellano
Una pasión que no cesa


 
Amelia Arellano

La poesía de Amelia Arellano se cuenta entre las mejores noticias de la poesía argentina desde hace algún tiempo. Su fraseo, sus ritmos diversos y singulares, y su intensidad, plena en pasión y en inteligencia, la tornan fácilmente distinguible. Su voz, por otra parte, es por demás elocuente; en fin, más que una escritora de poemas se trata de una poeta, que dice porque no puede no decir. Sin dudas, habría mucho para expresar de sus poemarios inéditos (“Cuadratura del poema”, entre otros), que han venido apareciendo, poema a poema, en distintas revistas poéticas y culturales del país y del continente. En ellos, en esos terrenos, ella fue tejiendo y tensando sus hilos: el hilo del deseo, acaso el más envolvente; el hilo para remarcar los bordes; y los hilos, siempre fuertes y precisos, de la observación y la nostalgia. Nació, según ella misma describe, en una escuela-rancho situada en el corazón de un páramo, que ya no existe, de la provincia de San Luis, en cuya ciudad capital vive actualmente, donde se dedica también a la psicología clínica y a la psicología social. Nada mejor que leerla.
                                                                      E.D.


 

RECUERDAME COMO ERA

Recuérdame cómo era antes, amor.
Antes del barro compartido.
Cómo era, lo que ya no soy.
Cómo era lo que sigo siendo.
La que acercaba su voz de hierba a tu silencio.
Pigmalión no ha encontrado a Galatea.
La estatuilla, yace fragmentada. Ya no está.
Tampoco está el hombre de los ojos tristes.
El amor ha pasado como pasa la infancia.
El viento, los naufragios, el temblor de los astros.
Ha callado el crepitar sonoro del brocal de greda.
Me han llamado, otras voces, otros viajes.
Me entregado y he sido prisionera.
Errante, amante, prisionera.
He elegido, la voz que no me llama.
Se me ha dado lo que se me ha quitado.
Más, lo que se me ha quitado es lo que se me ha dado.
Tierra se me ha quitado. Tierra se me ha dado.
Y aquí me tienes, de vuelta, amor.
Fatigado corazón de tierra, aún palpitante.


 

CUADRATURA DE LA CRUCIFIXION

                             “Te amo más que mi propia piel”
                                                               Frida Khalo

A esa mujer la han crucificado a besos.
La han cubierto con la vía láctea.
Con sagrada saliva la han ungido.
Le han puesto alas en la cabeza.
En la frente, un paraguas. Un pararrayos.
Han seguido la flecha de los besos en sus pies.
Han penetrado por su ombligo.
Piel, debajo de su piel.
En su vientre un pez tornasolado nada.
Han borrado sus huellas dactilares.
Solo un punto. Vida. Desatino. Amor.
En su hipocampo mar solo cabalga un nombre.
Todos los hombres, menos uno, extintos.
Posesión. Agujas. Lobizón. Noche de luna.
La muerte está colgada en un tendal de seda.
Y la tristeza y el olvido y el pan duro.
Zozobran las ancas de un potro negro, sin domar.
Monta en pelo y florece la rosa de los vientos.
Y la llaman loca. Sacrílega. Impía.
Pero le han brotado bocas en sus ojos.
En sus riveras. En sus bordes de agua.
En sus caderas. En sus manos, bocas.
Bocas. Bocas. Bocas.

(Del poemario inédito Cuadratura del poema)



 

CUADRATURA DE LA BOCA

Antes de la blasfemia.
Dardos. Bifurcaciones. Cruces.
Habría que mencionarlo, amor.
Nuestros cuerpos desnudos rodando.
Portones de pedregales ciegos.
Única ley: la gravedad.
Vértigo de los líquidos.
Líquida rosa brotando del andamiaje fosco.
Única barrera: el sonido.
Problema triangular. Tierra. Luna. Sol.
Los maderos vibran. Temblor de la botella.
Mordedoras en la carne.
Cuadratura de la deseante boca.
Un rostro inserto en otro rostro.
Boca seca. Lengua bífida.
Espejo destellando saliva
Hoja de té. Vaticinios.
Polillas en las cavilaciones de la arcilla.
Habría que mencionarlo, amor.
Una duda. Una voz. Un naufragio.
Un presagio. Amor mío. Tabla agujereada.
Pechos. Pechos. Pechos.
El hueco. Otra vez el hueco.
Y las manos. Tan lánguidas. Tan tenues.
Mar patético. Oscuro. No te vayas amor.
El puñal incrustado hasta los huesos.
Bébeme. Devórame. Disípame.
Conchas marinas y rechinar de dientes.
Habría que mencionarlo, amor.

(Del poemario Cuadratura del poema)

                             

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