Un manojo de flores siempre vivas

Manojo de flores

Antología breve de poesía latinoamericana


 

No pocos de los más inspirados jóvenes poetas que fueron maravillando y motivando a los jóvenes lectores de los ya lejanos años ’60 y ’70, han partido. Dejaron sus poemas en revistas, sus libros, algunas fotos, y concluyeron inesperadamente sus tareas. La mayoría de ellos no alcanzó a conocer las nieves lentas de la vejez ni ese verso tejido en la calma de los días. Aunque sí, por sobre todo, eAntonio Cisnerosse poema tenso y sorprendente con que conmovieron y fueron celebrados. Eugenio Montejo (Venezuela, 1938-2008); José Emilio Pacheco (México, 1939-2014); Antonio Cisneros (Perú, 1942-2012); Gonzalo Millán (Chile, 1947-2006), además de los que los antecedieron prontamente en la partida: Alejandra Pizarnik (1936-1972), recordada poeta suicida, y Roque Dalton (El Salvador, 1935-1975), asesinado en su país. Pero la lista es más extensa e Alejandra Pizarnikincluye a aquellos poetas que sufrieron una severa dolencia temprana, como Luis Rogelio Nogueras (Cuba, 1944-1985), Beltrán Morales (Nicaragua, 1945-1986) y Sonny Rupaire (Guadalupe, 1941-1991), o fueron víctimas del terrorismo de Estado, como Javier Heraud (Perú, 1942-1963), Jacques Viau (Haití, 1942-1965) y Leonel Rugama (Nicaragua, 1949-1970), entre muchos otros jóvenes poetas, o no tan jóvenes, como Roberto Santoro (Argentina, 1939-1977). A esa sucesión de nombres, asimismo, se sumaron en aquellos y estos años otros adioses no menos significativos: Gonzalo Arango (Colombia, 1931-1976), creador del Nadaísmo, quien pereció en un accidente automovilístico; Víctor Valera Mora (Venezuela, 1935-1984), un hito cultural José Emilio Pachecode su país, y Jorge Teillier (Chile, 1935-1996), afinada voz de los lares trasandinos. La miríada no obstante es más extensa, desde los cielos del norte a los cielos del sur, y es oportuno destacarlo. Una lista, en fin, que es insoslayable en los terrenos de la poesía del continente de la segunda mitad del siglo, cuyo paisaje resulta tan vasto y conmovedor como encendido. Otros tiempos, sin dudas se iban tejiendo entre sueños mayores y desafíos crecientes, o entre el fervor revolucionario y la irrupción de nuevas y devastadoras dictaduras. Más de treinta libros, que hoy pueden valer de itinerario y de signo, y que se mantienen, poéticamente hablando y aun fieles a su tiempo, reveladores y hermosamente palpitantes.

                                                                         Eduardo Dalter

Buenos Aires, agosto, 2014


* Las fotografías corresponden, por orden de inclusión, a Antonio Cisneros, Alejandra Pizarnik y José Emilio Pacheco.


 

Eugenio Montejo


HOTEL ANTIGUO

Una mujer a solas se desnuda,
pared por medio, en el hotel antiguo
de esta ciudad remota donde duermo.

Abren las sedas un rumor disperso
que se mezcla al follaje
de los helechos en el aire.

Se oyen llaves que giran en un cofre,
jadeos ahogados, prendas,
la inocencia de gestos solitarios
que beben los espejos.

A su tiempo la noche se desnuda
y las calles apiladas se doblan
en un vasto ropaje
con la fatiga de un final de fiesta.

Una mujer a solas tras los muros,
unos pasos, un oscuro deseo,
hasta mí llega de otro mundo
como alguien que he amado y que me habla
desde un ataúd lleno de piedras.

 

ADIÓS A MI PADRE

Mi padre muerto iba delante
y detrás junio, de verdor ubérrimo,
y la geórgica lluvia venida de tan lejos.
Al paso de su sombra
los refrenados carruajes nos seguían.
Mi padre hablaba del camino,
de cafetales con piel de adormidera
que a un simple roce ya eran calles y torres.
Hablaba dormido,
con voz inubicable,
una voz rápida de cuando era muy joven
y yo no había nacido...
Atravesamos un bosque de apamates
que en lenta fila también iban marchando
no sé adónde.
Después sólo se oyeron las cigarras
estremecidas en un coro compacto.
Mi padre acaso creyó que las oía
pero ya entonces a bordo de un relámpago
su alma cruzaba remotas intemperies.

 

Eugenio Montejo nació en Caracas en 1938. Poeta, ensayista y docente. Fue cofundador de la “Revista Poesía” de la Universidad de Carabobo, de su país. En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura, y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz. En 1974 se editó su ensayo La ventana oblicua y en 1983 su trabajo El taller blanco. Entre sus poemarios se destacan: Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Trópico absoluto (1982), Alfabeto del mundo (1986) y Partitura de la cigarra (1999). Falleció en Valencia, aquejado por el cáncer, en 2008.


 

José Emilio Pacheco


CONTRAELEGÍA

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
           sería de piedra.

 

MERCADO

Veo el mercado a la hora del cierre de los puestos
cuando todos se van y se apagan las luces.
En la desolación que estuvo viva
sólo quedan verduras putrefactas,
el mal olor de las entrañas y las escamas.
Y poco a poco llega hasta el mercado la noche.

 

EL PULPO

Oscuro dios de las profundidades,
helecho, hongo, jacinto,
entre rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,
donde al amanecer, contra la lumbre del sol,
baja la noche al fondo del mar y el pulpo le sorbe
con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.
Qué belleza nocturna su esplendor si navega
en lo más penumbrosamente salobre del agua madre,
para él cristalina y dulce.
Pero en la playa que infestó la basura plástica
esa joya carnal del viscoso vértigo
parece un monstruo; y están matando
/ a garrotazos / al indefenso encallado.
Alguien lanzó un arpón y el pulpo respira muerte
por la segunda asfixia que constituye su herida.
De sus labios no mana sangre: brota la noche
y enluta el mar y desvanece la tierra,
muy lentamente, mientras sin más se muere.

 

José Emilio Pacheco nació en la ciudad de México en 1939. Poeta, ensayista, traductor, narrador y docente. Fue secretario de redacción de la “Revista de la Universidad de México” y de “México en la Cultura” y fue, asimismo, una figura reconocida de las letras mexicanas. Su libro Tarde o temprano, editado en 2009 por el Fondo de Cultura Económica, reúne su producción poética 1958-2008. Ese mismo año le fue otorgado en España el premio Cervantes y se editó su libro La edad de las tinieblas. Falleció en la ciudad de México en enero de 2014.


 

Antonio Cisneros


EL CEMENTERIO DE VILCASHUAMAN

Sólo las cruces verdes,
        las cruces azules,
                las cruces amarillas:
flores de palo entre la tierra de los hombres
y el espacio que habitan los abuelos.
No edificios construidos con usura
donde las cenizas se oxidan sin mezclarse.
Sólo las cruces verdes,
         las cruces azules,
                 las cruces amarillas.
Moran aquí nuestros primeros padres:
bien dispuestos y holgados
y armoniosos entre los rojos campos
y las colinas interiores del planeta.
"La carne aguanta menos que el maíz
y menos que los granos el vestido:
más que el algodón la lana
         pero menos que el hueso:
y más que las costillas quebradizas aguanta
         el viejo cráneo".
Y llegado el momento
regresan a la tierra
igual como la arena se mezcla con la arena.
Abuelo Flores Azules de la Papa,
         Abuelo Adobe,
                 Abuelo Barriga del Venado.
(Y en el techo del mundo de los muertos
como un río de gorgonas la sequía sucede a las
        inundaciones
y los hijos mueren de sed junto a las madres
         ya muertas por el agua.)
"Dónde tu fuerza, abuelo, que los ojos del fuego
        no te alcanzan".
Sólo los viejos nombres de acuerdo a edad y peso.
Sólo las cruces verdes,
        las cruces azules,
                 las cruces amarillas.
No el arcángel del siglo XIX
la oferta y la demanda y las cenizas solas.
Abuelo Flores Azules de la Papa,
        Abuelo Adobe,
                  Abuelo Barriga del Venado.
"Moja este blanco sol, Abuelo Lluvia".
Mientras la tierra engorda.

 

TERCER MOVIMIENTO (AFFETTUOSO)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
         para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes podrán holgarse
         en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces la muchacha no verá el Dedo de Dios. Los cuerpos discretos
         pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos, las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

 

UNA MADRE HABLA DE SU MUCHACHO (CHILCA, 1967)

Es mi hijo el menor. El que tenga ojos de ver no tenga duda.
Las pestañas aburridas, la boca de pejerrey, la mismita pelambre
         del erizo.
No es bello, pero camina con suma dignidad y tiene catorce años.
Nació en el desierto y ni puede soñar con las calandrias en los
         cañaverales.
Su infancia fue una flota de fabricantes de harina de pescado atrás
         del horizonte.
Nada conoce de la Hermandad del Niño.
La memoria de los antiguos es un reino de locos y difuntos.
Sirve en un restaurant de San Bartolo (80 libras al mes y dos platos
         calientes cada día).
Lo despido todas las mañanas después del desayuno.
Cuando vuelve, corta camino entre las grúas y los tractores de la
         Urbanizadora.
Y teme a los mastines de medianoche.
Aprieta una piedra en cada mano y silba una guaracha. (Ladran los
         perros.)
Entonces le hago señas con el lamparín y recuerdo como puedo las
         antiguas oraciones.

 

Antonio Cisneros nació en Lima, Perú, en 1942. Poeta, cronista, traductor y docente. Se doctoró en letras en 1974, y enseñó en universidades de su país y de Europa. Obtuvo importantes premios, como el de Casa de las Américas (1968), entre otros. Publicó más de veinte poemarios; entre los más importantes: Comentarios reales (1964), Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), Agua que no has de beber (1971), Como higuera en un campo de golf (1972), Crónicas del Niño Jesús de Chilca (1981) y Las inmensas preguntas celestes (1992). Su Poesía reunida tuvo edición en 1996. Falleció en Lima en 2012.


 

Gonzalo Millán


NADIE

Las calles están silenciosas
y desiertas. Solamente cruzan
las sombras de los árboles.

No se oyen pájaros, bocinas,
ni siquiera el motor inminente
de un auto siempre aproximándose.

Los ascensores, las escaleras
y pasillos de los edificios, vacíos.

En una cocina un charco
en torno al refrigerador
que se deshiela
con sus bandejas desnudas
y la puerta abierta.

Conservada en el hielo
no hay más que una arveja
muy pequeña, redonda y verde.

 

CORRESPONDENCIA

Del Sur dolorosamente lejos
vienen atados y quedos
a romper la rutina de aquí
que hiela y rutila.
En un camión llegan
y son descargados amigos
muertos en sacos de correo.

 

Gonzalo Millán nació en Santiago de Chile en 1947. Fue una de las figuras de la denominada generación del sesenta, de su país. En 1968 ingresó para estudiar literatura en la Universidad de Concepción, donde formó parte del grupo poético Arúspice. Poco después del golpe militar de 1973 partió al exilio a México, para establecerse después algunos años en Canadá, y luego en Holanda, donde permaneció durante una década, hasta 1997. Entre sus libros de poesía, se cuentan: Relación personal (1968), La ciudad (1979), Vida (1984), Seudónimos de la muerte (1984) y Claroscuro (2002). Murió en Chile en octubre de 2006.


 

Alejandra Pizarnik


FIESTA

he desplegado mi orfandad
sobre la mesa, como un mapa.
Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.

Y he bebido licores furiosos
para transmutar los rostros
en un ángel, en vasos vacíos.

 

FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO

I
         Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias,
desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho
a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña
densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte?
He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los
ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí
con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró
llamas y ardimos.

II
         Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado
y las palabras no guarecen, yo hablo.
         Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus
máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.
         No es muda la muerte. Escucho el canto de los
enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu
dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.

III
         La muerte ha restituido al silencio su prestigio
hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo.
Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene
destino.

 

LOS DE LO OCULTO

        Para que las palabras no basten es preciso una
muerte en el corazón.
        La luz del lenguaje me cubre como una música,
imagen mordida por los perros del desconsuelo, y
el invierno sube por mí como la enamorada del muro.
        Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída
dentro de mí. Ya no soy más que un adentro.

 

Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda, Buenos Aires, en 1936. Fue la hija menor de un matrimonio judío ruso. Comenzó a estudiar letras en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y pintura con el maestro Batlle Planas. Durante el lapso 1960-1964 residió en París, donde trabajó en revistas y estudió literatura francesa en la Sorbona, además de comenzar a traducir a Antonin Artaud, entre otros poetas. Entre sus libros más renombrados figuran: Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical (1971). Su Poesía completa ya cuenta con varias ediciones. Se suicidó en septiembre de 1972.


 

Gonzalo Arango


REVOLUCIÓN

Una mano
más una mano
no son dos manos
son manos unidas
Une tu mano
a nuestras manos
para que el mundo
no esté
en pocas manos
sino
en todas las manos.

 

* Este poema apareció en algunas revistas sin título alguno, inclusive en los años en que el poeta Arango vivía; asimismo, en algunas publicaciones se lo publicó con el sustantivo de su séptimo verso modificado.

 


LA SALVAJE ESPERANZA

Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá a nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.

 

Gonzalo Arango nació en Andes, Antioquia, Colombia, en 1931. Poeta, narrador y autor de encendidos manifiestos. Fue el hijo menor de una familia muy numerosa. En 1958 fundó con otros jóvenes poetas colombianos el movimiento poético Nadaísta, el cual tuvo importante repercusión, inclusive en el continente. Entre otros libros, se cuenta Obra negra (1974), que incluye una amplia selección de poemas y narraciones. Murió en 1976 en un accidente automovilístico en la localidad de Tocancipá, en su país.


 

Roque Dalton


LAS FEAS PALABRAS

En la garganta de un beodo muerto
se quedan las palabras que despreció la poesía.

Yo las rescato con manos de fantasma
con manos piadosas es decir
ya que todo lo muerto tiene la licuada piedad
de su propia existencia.

Furtivamente os las abandono:
feas las caras sucias bajo el esplendor de las lámparas
babeantes sobre su desnudez deforme
los dientes y los párpados apretados
esperando el bofetón.

Amadlas también os digo. Reñid a la poesía
la limpidez de su regazo.
Dotadlas de biografía ilustre.
Limpiadles la fiebre de la frente
y rodeadlas de serenas frescuras
para que participen también de nuestra fiesta.

 

50 ANIVERSARIO

Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)

Tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello

Aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
las de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento

En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza

El hombre alza su copa
y bebe.

 

ARTE POÉTICA 1974

Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.

 

Roque Dalton nació en San Salvador en 1935. Poeta, ensayista, y revolucionario. Cursó sus estudios universitarios en su país y en Chile. En 1957 visitó la URSS para participar en el VI Festival Mundial de la Juventud, durante el cual conoció a intelectuales que después cobrarían relevancia en el contexto internacional. Sufrió prisión y torturas en varias oportunidades. En mayo de 1975 fue asesinado por una facción del grupo político al cual pertenecía. Entre sus libros de poesía, cobraron importancia: El turno del ofendido (1962) y Taberna y otros lugares (1969), ambos premiados y editados en Cuba, y Poemas clandestinos (1975).


 

Luis Rogelio Nogueras


AMA AL CISNE SALVAJE

                              Ama tus ojos que pueden ver,
                              tu mente que puede oír
                              la música, el trueno de las alas,
                              ama al cisne salvaje.
                                                               Robinson Jeffers

No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de
         la noche).
No remuevas el agua de la laguna no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.

 

CESARE PAVESE

                              A Ambrosio Fornet


Suponga que yo estoy escondido de antemano en
         el closet
y que usted (tantas cosas que tiene en la cabeza)
         no lo nota.
Se acuesta,
toma las dieciséis píldoras del frasco,
hace las últimas llamadas: inútiles
medita sobre las derrotas, la guerra, Turín (cruda
         en invierno).

Suponga que usted deja
las gafas en la mesita de noche
y que luego escribe algo en su cuaderno
(letra rápida, pequeña).

Ahora imagine que yo salgo.
Que impido su suicidio.
Cinco, dos, veinticuatro veces
(como en el cine).
Suponga que usted no muere,
suponga que nos damos las manos,
y que cometemos pequeñas historias, aventuras
         habladas
donde las mujeres aman desesperadamente a los
         poetas
y no hay estar solos, ni desastres, ni trenes
         aplastados.

Pero no.
Yo estoy en mi cuarto y usted está en el suyo.
Yo no trato de impedir nada
y usted se toma las pastillas.
Yo dejo su libro en la mesita de noche y trato en
         vano de dormirme
y viene la muerte y tiene sus ojos.

 

Luis Rogelio Nogueras nació en La Habana en 1944. Poeta, narrador, guionista y periodista. En 1964 comenzó a estudiar en la Universidad de La Habana y se licenció en Lengua y Literaturas Española e Hispanoamericana. Fue jefe de redacción del periódico “El Caimán Barbudo”, entre 1966 y 1967. Y trabajó también en el Instituto Cubano del Libro, donde realizó tareas de investigador literario. De su obra poética se destacan: Cabeza de zanahoria (1967), Las quince mil vidas del caminante (1977) e Imitación de la vida (1981), premio Casa de las Américas. Falleció en La Habana a mediados de 1985.

                             

Manojo de flores



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