DOS CIGARRILLOS PARA ELIOT

                                                    Eduardo Dalter


HORA Eduardo Dalter en Londres

Racimos de flores rosadas sobre
      las rejas
del viejo ministerio, que lucen
      como pinceladas
en medio de lo abierto y de lo
      gris.
A esta hora, todo se aquieta en
      estas calles
donde otrora Churchill anduvo
      por los bordes
calientes en medio del oscuro
      tronar
de la Luftwaffe. Hace sólo un
      momento
un hombre pensativo contra la
      vidriera,
y con su rubia cerveza, miraba
      hacia la calle…
bajo un halo de soledad, que es
      semejante en todos lados.
Todo parece aquietarse a esta
      hora
extraña en estas calles anchas,
que quedan flotando así, como
      del tiempo.

 

THE GLOBE
W.S., en memoria

400 años borran todo,
      no siempre
a la piedra, ni a la letra,
que a veces es más duradera
      y sólida.
Por lo demás, el gran río
      siempre estuvo
ahí, y durante algunos meses
      aciagos,
bombardeado por las noches.
      La memoria,
tantas veces volátil, incierta,
      escurridiza,
suele también tener la opaca
      firmeza
del granito. Pero 400 años
      borran
todo, hasta los edificios que
      parecían destinados.
No así algunas palabras,
      algunas voces,
donde parece los tiempos
      respiraran.

 

ELIOT VIENE FUMANDO

Ésta debe ser seguramente una
      postal de entreguerra,
cuando aún las pesadas bombas
      no habían caído
sobre Blackfriars y sobre Fleet,
      porque Eliot, aún joven,
viene fumando, con un paraguas
cerrado en la otra mano, mientras
      cruza
con paso ligero Russell Square
      en la mañana.
Ezra ya partió –se lo veía algo
      nervioso–,
y ahí están sus cartas con su
      trazo inconfundible.
Los Austin cruzan la avenida,
      dan la vuelta
presurosos hacia Regent, pero
      en los rudos
suburbios todo es más incierto
      y empinado;
alguna frase dice el aire, algo
       murmura.
“The Waste Land”, no obstante
       estos años
que se fueron, mantiene una
      firmeza
abierta, que se extiende en
      medio
de algo parecido a un tiempo
      neblinoso.
Un largo interrogante en torno
      del futuro,
que nadie puede definir, pende
      sobre Londres,
mientras Eliot avanza con su
      paraguas negro,
con su corbata plateada y con
      su humo.

 

BARRIOS

Calles tristes del final
      del viejo Este,
cuyo amargor flota en el aire
      y lo exudan
lentamente las esquinas. Una
       cervecería
con un rancio olor a pescado
      y dos vecinos
que acodados sobre el largo
       mostrador
beben entre suspiros y toses
      sus cervezas.
Un hombre solo, en la puerta
      de un edificio
de oficinas, bajo su camisa,
      y encogido
de hombros, siente frío. Un
      autobús,
que se dirige hacia el fondo
      de la avenida,
entre casitas bajas, es otra
       muestra
de lo mismo. No hay mucha
      cuestión
para celebrar, parece, entre
      estas calles,
donde la mirada de la gente
      que cruza
refleja el estado del tiempo,
      la niebla
y las noticias.

 

LA VENTANA
Faber & Faber

Por esta ventana, entre
      cuarteto
y cuarteto, seguramente
      el poeta
habrá buscado en el
      espacio
y en el paso de la gente
      una respuesta.
Toda ventana abierta,
      siempre
alienta. La poesía,
      algunas veces,
suele ser una ventana,
      donde
el viento llama y deja
      signos.
Además, me digo,
      ésta no es
ni será ya cualquier
      ventana.
Una ventana alta
      para airear
los versos de Mr. Eliot
      para siempre.

 

OTRA LLUVIA
Recuerdos de Chaucer

Bajo el cielo encapotado y una
      entrecortada
música de truenos, llueve sobre
      Cheapside
como si nunca hubiera llovido.
      Las veredas
son espejos para un paisaje
      nervioso
de gentes, voces y paraguas.
      Una postal
que saca de sitio y estremece
      todo
lo que la tarde venía teniendo
      de tedioso.
Desde lo alto, entre las ráfagas
      de viento,
el viejo campanario de St. Mary
parece presidiera la escena
      terrenal
en su distancia y su blancura.

 

VIEJO CEMENTERIO

En el viejo cementerio de
      Old Brompton,
de antiguas lápidas
       carcomidas
por los soles y las lluvias,
       algunas dibujadas
sin prisa por el moho,
       se extiende
un camino por donde
      los caminantes
apaciguan su momento
      entre los árboles,
mientras los pájaros chistan
      y revolotean
ocultos en lo alto de las
      copas.
Todo está dicho, pareciera,
       en el paisaje,
donde una parte oscura y
      presentida
yace más allá del tiempo
      y de los aires,
en tanto el sol ilumina
       débilmente
la frágil brevedad de todo
       lo que respira,
puja, arde, y olvida.

 

Los poemas que integran el poemario "Dos cigarrillos para Eliot" fueron escritos por Eduardo Dalter en Londres en mayo de 2013 y mayo de 2014. La obra tuvo edición en Buenos Aires en marzo de 2015.

Subir

 


Requirements